Los clásicos reciben tal nombre por gozar de una riqueza que no se agota. Encontrad obras de estas características entre autores comprensibles para los chavales y enseñádselas entonces; pero hasta que no seáis capaces de ello, callad y aprended a valorar la tradición.
Sigamos adecuando las lecturas escolares al nivel de los estudiantes, hasta que cualquier obra escrita antes de este siglo por alguien no analfabeto les resulte suficientemente extraña a los niños como para que en un futuro próximo éstas sean únicamente competencia de filólogos, y aún no de todos. Habremos conseguido entonces una cultura estúpida.
Hay formas y formas de acercar y de educar, y espero que el Sr. Marina no esté universalizando enseñanzas a partir de un trauma propio. Y desde su posición además.
Sr. Marina, sólo le faltan las orejas para ser en todo y para todo un burro.
miércoles 2 de julio de 2008
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1 comentarios:
No conozco a ese señor Marina, aunque me imagino que debe de ser aquel autor de unos textos deplorables de filosofía. Me imagino también que esto que escribes tiene que ver con esas estúpidas líneas educativas recetadas por los pedagogos, según las cuales el profesor (y un texto será siempre el mejor profesor) debe descender al nivel del alumnos. Me viene a la mente un texto que leí hace poco en que se afirmaba que un chaval de 15 años debía leer a Dostoievsky, aunque no lo entendiese por completo, porque sólo así sería capaz de entenderlo cuando cumpliera los 30
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