El domingo comencé a escribir un artículo que quería publicar aquí acerca de todo el revuelo que se está levantando con la cuestión de la propiedad intelectual en internet. Quería poner el tema en antecedentes y hacer comparación entre diferentes soportes y épocas, pero todo eso no cabe en un post, y rebasa además la capacidad de mi conocimiento. Por este motivo, al cabo de seis párrafos el tono había adaptado un aire farragoso y desorientado que no le conviene a un escrito así.
Falta, de todos modos, un escrito que exponga y denuncie con razones altas y definitivas la posición de los distintos poderes –político-burocrático y mediático– frente a estos nuevos modelos de transmisión de cultura.
En la Rusia del XIX hubo grandes reformas –en el sistema penitenciario, en el educativo, y liberación de los siervos– que tuvieron manifestos o textos programáticos de los grandes de la literatura.
Pero hoy he leído un comentario a un artículo en Barrapunto relacionado con nuestro tema que me ha hecho pensar que tan mal no estamos. Es algo que ya había oído a David Bravo: están, en casos como este, inventando leyes imposibles de poner en práctica, puesto que van contra las actividades y los intereses del 99% de la población.
Por lo que he perdido parte de la urgencia que tenía para escribir el articulillo. Me hace pensar que debería preocuparme, no tanto por un recorte de libertades futuro, como por el derroche presente que supone pagarles la vida a estos representantes de sí mismos.
Hay otro pensamiento que me consuela y a la vez me alienta: muchos oficios desaparecerán.
Quede el artículo largo para otro día.
martes 8 de julio de 2008
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