sábado 17 de enero de 2009

Breve historia (parte I)

Damos por supuesto que sabemos qué es el hombre, y de esta presunción vienen muchos de los problemas que nos acechan a diario. El concepto "hombre" está presente en todas las mentes. Debe haber tantas interpretaciones de la función de la vida humana como hombres en el mundo.

Por lo pronto, en nuestro contexto destaca la acepción de “individuo”. Parece evidente que el hombre es o tiene un cuerpo, esto es, que ocupa un espacio y un tiempo limitados. Este cuerpo tiene necesidades; en esto no se distigue del resto de cosas vivas.

La diferencia, suele decirse, consiste en su capacidad de pensar y de emplear un lenguaje doblemente articulado.

Este lenguaje le permite hablar sobre muchas cosas, incluida el mismo hablar. Quizás eso favorece el pensar sobre el propio pensar. Y de ahí sale la reflexión.

La conciencia, en cambio, sí parece tener una huella en todos. ¿Los hombres son conciencias? Parece que decir esto sea más exacto que decir que son cuerpos.

Me atrevo a decir que las primeras cosas de las que uno toma conciencia son lo bueno y lo malo: lo que gusta y lo que disgusta. Luego se va corrigiendo esta impresión inicial a medida que se descubre más acerca del mundo. No obstante, las dos categorías permanecen, a pesar de que su contenido se vea luego modificado.

En un momento dado, el hombre ha aplicado estas etiquetas a lo que ve en el exterior. Se lamenta de los males que pueblan su existencia, y disfruta con los bienes. Intenta justificarlos, para consolarse de aquellos y alargar estos otros. Indica su procedencia. De la misma fuente, de diferentes... Nota que ya no está hablando de objetos, sino que ha llegado descubrir modos de ser aplicables a todo lo que ve, a pesar de que a ellos no los vea.

Por otra parte, el conocimiento de los procesos naturales perpetúa la actitud maravillada hacia el mundo característica de muchos hombres.

Así, el hombre se ha hecho la idea de que existe algo superior, como un orden que regula la vida. En tanto que parte de ésta, sus actos serán afortunados en la medida en que se adecúen a tal orden. La ciencia, la religión y el arte son las actividades que tratan con más familiaridad a dicha razón; pero no hay oficio que no tenga relación con ésta.

Por eso, alguien que quiera construir una ética debe ponderar las acciones de los hombres en su vertiente de canto a Dios.

Sé que he entrado progresivamente en un campo semántico rico en conceptos discutibles, polémicos, por ser ésta una época muy crítica con la fe en general, y con el cristianismo en concreto. Que yo los use responde no tanto a que comparta esa fe, como a no tener prejuicios contra el léxico dicha tradición.